¡ ¡ ESTÁN LOCOS ESTOS ROMANOS ! !

 

Ya nos lo repetía Obélix en más de uno de sus cómics: ¡Están locos estos romanos! Y no lo decía sin razón. Estas líneas pretenden justificar esta tan repetida afirmación de uno de los personajes de cómic más famoso de nuestra época.

Y es que, a pesar de encarnar uno de los más grandes imperios de la historia, los romanos protagonizaron una de las sociedades más curiosas y variopintas de todos los tiempos.

Lejos de ser una cultura con una existencia que se remonta a algo más de un par de decenas de siglos atrás y que vio el fin de sus días hace ya algunos siglos, fueron capaces de crear una sociedad con costumbres, prácticas y avances muy similares a los nuestros: existía calefacción central en las casas, carruajes con taxímetro, tiendas de comida rápida, ofertas y gangas en los comercios, ascensores, usaban métodos anticonceptivos para sus prácticas sexuales, se practicaba el aborto, existía el divorcio y, encima, eran más que continuos los cotilleos y marujeos en los patios de vecinos.

Así, Juvenal en sus Sátiras o Marcial con sus Epigramas, nos transmiten una visión jocosa y, a la vez, un poco molesta de la vida cotidiana de la Roma de su época. También, unos años antes, el poeta Horacio imprimía en sus Sátiras una crítica a las costumbres más incómodas de la urbs.

Para nuestro deleite y para provocar más de una sonrisa, os ofrecemos algunas de las más curiosas excentricidades de nuestros queridos romanos.

 

La vida cotidiana en Roma, en concreto la vida dentro de la casa, nos puede presentar escenas tan extrañas como chocantes. Por ejemplo, para lavarse los dientes los romanos utilizaban la orina, pero no la suya propia. Era muy estimada la orina procedente de Hispania, que se enfrascaba en ánforas precintadas y de la que se surtía a todo el Imperio.

Las esclavas, para perfumar a la señora, se llenaban la boca de perfume y luego lo escupían pulverizando desde la cabeza hasta los pies a su ama, la cual, mientras la esclava la rociaba, alzaba los brazos y daba una vuelta sobre si misma.

El calendario romano contaba con unos doscientos días festivos al año, es decir, contaban con uno o dos días de fiesta por cada día trabajado.

En cuanto a los cumpleaños, todos se celebraban el día primero del mes en el que se nacía.

El Lar Familiar era el dios protector de la familia, a quien los romanos veneraban, ya que actuaba de deidad que atraía la buena fortuna a los miembros de la casa. Pero, cuando las cosas empezaban a no marchar bien, los romanos, encolerizados, la tomaban contra éste y lo insultaban, lo pisoteaban e incluso llegaban a echarlo de la casa lanzándolo por la ventana.

Eran habituales las ofrendas de aceite y vino a los muertos y, para ello, las tumbas disponían de canalizaciones para que el vino o el aceite les llegaran y, así, tener contentos a sus antepasados que dejarían a los vivos vivir en paz.

Como gesto de juramento, los romanos con la mano derecha se apretaban los testículos. De esta costumbre proceden las palabras 'testigo' o 'testificar'.

En cuanto a la comida, los romanos contaban con gran cantidad de platos exóticos, como cresta de aves, lengua de flamenco, sesos de alondra, pezones de cerda, talones de camello, etc.

La salsa más famosa era el garum, una salsa elaborada con vísceras y branquias de pescado fermentadas con salmuera y dejadas secar al sol durante dos o tres meses. El líquido que salía de esta maceración era el garum.

El banquete más extravagante y opulento que de la Antigüedad se nos ha transmitido contó con los siguientes platos: como entremeses, erizos de mar, ostras frescas, dos clases de almejas, tordos con espárragos, gallinas cebadas, pastel de ostras y mariscos y bellotas de mar blancas y negras; luego diferentes platos de marisco, pequeños pajarillos, riñones de ciervo y jabalí y aves empanadas; y, a continuación, los grandes platos: pecho de cerdo, pastel de pecho de cerdo, diversos pasteles de jabalí y de pescado preparados con diversas sazones, liebres y aves asadas.

Y, como tanta comida no cabía en el estómago, disponían de vomitoria, ese lugar al que los romanos, a mitad de banquete, acudían a vomitar la comida. Para ello se introducían hasta la garganta una pluma de pavo real que les provocaba el vómito para, luego, poder seguir comiendo.

En cuanto a los postres, los romanos preparaban un flan muy parecido al nuestro: leche, huevos y miel -no conocían el azúcar- y lo cocinaban al baño maría. Una vez enfriado, lo volcaban en un plato y, antes de servirlo, lo espolvoreaban abundantemente con pimienta.

Y, en lo que a bebida se refiere, sabemos que gustaban mucho del vino. Incluso, se han encontrado ánforas marcadas con los años de antigüedad del vino. Autores de la época, nos transmiten que el consumo medio de vino era de unos 3 litros y medio por persona y día.

Los esclavos eran los que servían los manjares en los banquetes. Además de tener buena apariencia física, contaban con una melena muy larga que los señores aprovechaban para limpiar entre plato y plato sus manos grasientas.

Los métodos anticonceptivos no dejaron de ser sorprendentes a la par que ineficaces: entre otros, las clases bajas solían usar amuletos elaborados con la matriz o el cerumen de una mula, o un tipo de araña que, envuelta en un trozo de piel de ciervo, se colgaba al cuello de la mujer antes de salir el sol.

Como prácticas abortivas, era común la realización de ejercicios violentos, como cargar objetos muy pesados, saltar impetuosamente o ser violentamente agitada al montar animales salvajes o domésticos.

Y no sólo las prácticas cotidianas de personajes anónimos pueden sorprendernos. Los grandes emperadores, cuyo obsesión por el poder o por creerse dioses les hacían cometer todo tipo de atrocidades contra el pueblo o contra sus propios amigos o familiares, nos dejan una nutrida lista de hechos asombrosos.

Son numerosos los que cometió Calígula durante su mandato: la devoción por su caballo, Incitatus, le hizo construirle un establo de mármol con pesebres de marfil para su uso exclusivo y hasta una villa con jardines y dieciocho sirvientes que lo cuidaban personalmente. Posteriormente, lo nombró Cónsul; por otra parte, si algún aristócrata se enriquecía, lo obligaba a nombrarle a él como heredero universal de su fortuna. Una vez nombrado, lo mandaba asesinar; ordenaba quitar los toldos del anfiteatro para que el sol le provocara insolaciones a la plebe; lanzaba riquezas y tesoros por las calles para que el pueblo se aglomerara al recogerlas y muriera aplastado; su hija Julia Drusilla gustaba de arañar los ojos de los demás niños, hecho que enorgullecía al emperador.

Y Nerón, que se creía el mayor poeta que había dado Roma, mandaba borrar con la lengua la tinta de los poemas de aquellos poetas que realizaban composiciones mejores que las suyas, o sea, cualquiera.

Popea, la primera esposa de Nerón, se hacía seguir en sus viajes por un rebaño de trescientas burras que eran ordeñadas cada mañana con el fin de poder llenar su bañera de plata para su hidratante baño matutino.

Del emperador Cómodo se cuenta que, estando en estado de embriaguez, algo habitual en él, se empeñó en fecundar a una pantera en celo.

De otro emperador, Heliogábalo, cuyo nombre real era Vario Avito Basiano, se dice que el nombre de "Vario" le había sido puesto debido a la multitud de hombres con los que se había acostado su madre para lograr concebirlo.

 

            Éstas son sólo algunas de las miles de anécdotas y curiosidades que la tradición nos ha transmitido de la Roma antigua.

Sólo después de haber leído estas líneas en las que avanzamos unas pocas de las miles de rarezas, extravagancias y crueldades del pueblo romano, es cuando podemos comprender por qué Obélix, desde su coherencia, decía con relativa frecuencia eso de "¡Están locos estos romanos!".

 

ENSEÑAR LATÍN EN LATÍN


La metodología que durante décadas, si no ya un siglo, hemos adoptado en nuestro país para la enseñanza del Griego y del Latín ha resultado una tarea ardua no sólo de comprensión por parte del alumno, sino también de explicación por parte de los que nos dedicamos a esta tarea, haciendo que la enseñanza y aprendizaje de estas lenguas tenga poco de productividad y de atractivo y un todo de dificultad y, en ocasiones, de inutilidad y hasta de irracionalidad. Si no pensemos cuando estudiábamos latín y nos hacían poner la palabra porta en caso vocativo, como si alguna vez fuésemos a hablar con una puerta.

Pero la culpa no es de las instituciones ni de los planes de estudios, sino más bien de nosotros, los propios filólogos, que, lejos de ponernos en la piel de los alumnos o de recordar nuestra etapa de estudiantes, preferimos acomodarnos en lo que ya sabemos y en lo que las generaciones anteriores nos han legado, un hecho que nos ha llevado a no transmitir a nuestros alumnos el amor y el placer de estudiar lenguas tan ricas y con tanta producción y belleza.

El craso error de la Filología Clásica, y tenemos que reconocerlo, está en el planteamiento metodológico: un embolado increíble en el que, sin que nadie nos obligara, nosotros solitos nos hemos metido; hablando claro: la reiterativa enseñanza de la gramática y del aprendizaje pormenorizado de todas sus reglas para que, al cabo de tres años y saturados de todo tipo de normas lingüísticas, nuestros alumnos se inicien en la “apasionante” aventura de lanzarse de cabeza a un diccionario y descifrar en dos horas el contenido de treinta o cuarenta palabras de Cicerón, haciéndoles caer en el error de que la palabra y sus análisis morfológico y sintáctico son el objetivo principal de la enseñanza de la Lingüística, y no el texto y/en su contexto.

¿Y qué resultado hemos obtenido de todo esto? Que a los alumnos (y no hablo de los de ahora, sino también de los que hemos tenido el Latín como materia obligatoria en planes de estudio anteriores -yo me incluyo-) les quede nada o menos del estudio del latín excepto un odio indescriptible contra una materia que no sólo los ha torturado durante años, sino que, además, no ha sabido hacerlos disfrutar del placer de leer correctamente y en versión original cosas tan bellas como un poema de Catulo o los amores de Dido y Eneas cantados por Virgilio en la Eneida o algo tan simple como un pasaje de La Vulgata.

Este mal llamado ejercicio lingüístico y de traducción ha sido más una ayuda para la asignatura de Lengua Española, que se beneficiaba de la práctica sintáctica y morfológica y del enriquecimiento léxico, que para la propia asignatura de Latín.

 

Ante este panorama, somos pocos las rarae aves que pensamos que la asignatura de Latín no debe tener únicamente ese valor propedéutico que siempre se le ha otorgado, sino que sabemos y confiamos en que nuestros alumnos pueden y deben aprender a leer y a comprender con soltura los textos clásicos latinos (sin análisis previo y sin diccionario), al menos aquellos escritos en prosa, para que, así, de primera mano y motu proprio, se lancen al estudio del mundo clásico y valoren el latín no por lo que un profesor sea capaz de transmitirles -lo que llamamos transmisión indirecta-, sino por lo que los propios autores latinos les puedan transmitir -esto es, la transmisión directa de la cultura-.

 

Si hacemos un poco de historia en el mundo de la Lingüística Latina, vemos que ya desde la época del Humanismo, numerosos autores como Erasmo de Rotterdam, Vives, Corderio o el propio Comenio apostaron por una enseñanza del latín donde la única regla era enseñarlo para lograr comprender sus textos.

También, y un milenio antes, ya S. Agustín nos habla de que aprendió latín sine ullo metu atque cruciatu, es decir, “sin miedos ni torturas”, o, lo que es lo mismo, sin reglas gramaticales que pudieran eclipsar la belleza de los textos, esto es, aprender el latín por “inmersión lingüística”.

Es esta metodología de “inmersión lingüística” la experiencia de aula que he estado llevando a cabo durante estos años con los grupos de 4º de ESO y 1º de Bachillerato: enseñar la lengua del pueblo de Roma de forma original, práctica y sencilla, pero, a su vez, productiva, viva y sin más aditivos y adornos que los que la propia lengua latina ofrece, haciéndoles ver a nuestros alumnos que estudiar la temida asignatura de Latín puede dejar de ser algo comparable a un trabajo de Hércules.

Hemos pretendido aplicar una metodología capaz de introducir a los alumnos en la propia lengua latina, haciéndoles sentir el latín como una lengua aún viva, que se lee, que se entiende y, lo más importante, que desde el primer día se comprende y nos transmite aspectos de la cultura de la Roma clásica.

 

Y lo de plantearlo como ‘lengua viva’ es justamente eso, una lengua ‘viva’, una lengua que no sólo nos transmite información de primera mano, sino que, lo más importante, la hemos convertido en vehículo de comunicación en el aula.

Que a los alumnos se les imparta parte de la clase en latín, que se les pregunte en latín y que respondan en latín, tanto de forma oral como escrita, es lo que en Lingüística se denomina ‘uso activo’ de una lengua.

¿Tarea ardua? Mucho.

¿Tarea satisfactoria? Sobre todo.

 

Este planteamiento teórico inicial que desde hace unos años llevo aplicando a mis alumnos de 4º de ESO y de 1º de Bachillerato que se inician por primera vez en el aprendizaje del latín, ha exigido cambiar el punto de vista de la enseñanza, emprendiendo un camino inverso al habitual: en lugar de ir de la gramática al texto, hemos ido del texto a la gramática, es decir, comprender qué dice el latín para aprender cómo se construye el latín.

Esto es muy sencillo. Veamos unos ejemplos:

 

1|        Las primeras palabras del libro, que se entienden por sí solas, son:

Roma in Italiā est. Italia in Europā est. Graecia in Europā est. Italia et Graecia in Europā sunt.

La primera pregunta obligada es si han comprendido el texto (jamás se les pide traducción -el objetivo de la Lingüística es la comprensión textual, no la traducción. Ésa es otra disciplina-). La respuesta de todos los alumnos es sí. El siguiente paso es ver los puntos gramaticales más relevantes: entre otros, los verbos. Se les pide que los localicen. Sin ningún tipo de dificultad localizan: est y sunt. Luego se les pregunta por la diferencia que perciben entre los dos verbos. Obviamente, la clase en peso responde: est es singular y sunt es plural.

 

2|        Seguimos con el primer capítulo. Más adelante dice:

Nilus fluvius est. Rhenus fluvius est. Nilus et Rhenus fluvii sunt.

La morfología verbal ya hemos visto que la comprenden y nos centramos en fluvius y en fluvii. Preguntamos por qué no acaban igual y todos responden que fluvius está en singular, mientras que fluvii está en plural. Explicación correcta. Ya aquí empiezan ellos solos a dar respuesta a un hecho gramatical concreto: el caso nominativo en masculino. En las líneas sucesivas y con la misma facilidad de comprensión vienen los femeninos y los neutros.

 

3|        Más adelante, en el capítulo tercero aparece la siguiente oración:

Marcus Iuliam pulsat.

Les preguntamos qué ha pasado en la historia y ellos responden que Julia ha recibido un tortazo por parte de su hermano Marcos. Perfecto. La explicación gramatical más relevante es la palabra Iuliam acabada en -m: la explicación la dan por el propio razonamiento en español: si Julia recibe la acción del verbo, pulsat, es el complemento directo. Y aquí ya descubren que -m es la morfología de complemento directo en singular.

 

4|        Llegados al capítulo décimo, leemos esta construcción:

Pueri puellam cantare audiunt.

No es más que la temida construcción de infinitivo no concertado, que de entrada no se les presenta como tal. Se les pregunta si han comprendido la oración. Comprobado que sí, se les invita a localizar los verbos: audiunt -indicativo- y cantare -infinitivo-. A partir de aquí los orientamos a que localicen los sujetos y saben que los niños, pueri, son los que escuchan, audiunt, y que la niña, puellam, es la que canta, cantare. Una vez aquí, la pregunta es obligada: ¿en qué caso está puellam? Todos responden que en acusativo. Siguiente pregunta: ¿Qué función hemos dicho que desempeña puellam? Y responde que la de sujeto de cantare, que está en infinitivo. Se les vuelve a preguntar: ¿Qué forma es cantare? Responden que infinitivo. A partir de aquí, está ya todo hecho. Se les concluye diciendo: “Por lo tanto, el sujeto de un infinitivo va en caso…” y ellos responden que “en acusativo”.

 

Como vemos, partiendo de la comprensión de los textos, los vamos orientando al descubrimiento y al aprendizaje de la temida gramática latina, sin ninguna dificultad, tomando como base los conocimientos adquiridos anteriormente que son los que sirven para explicar los nuevos.

 

Este mismo hecho lo vemos con el vocabulario. Ecce exempla: en el capítulo octavo aparece una nueva palabra: pecuniosus, que de entrada no comprenden, pero que tampoco se les dice qué significa. Se utilizan los conocimientos previos del latín para explicar esta nueva palabra y, empleando palabras que ellos ya conocen, se les define el término diciéndoles que pecuniosus est vir qui magnam pecuniam habet ['pecuniosus' es un hombre que tiene mucho dinero]. En el capítulo décimo tercero hay una tormenta y aparece el término imber. Se les define diciéndoles que imber est aqua quae de nubibus cadit ['imber' es el agua que cae de las nubes]. En el capítulo diecinueve aparecen dos nuevos términos, dives y pauper. Del primero se les dice que es sinónimo de pecuniosus; del segundo, pauper, que es su antónimo. Y con esto, procuramos que el latín se vaya explicando a sí mismo, o, lo que es lo mismo, procuramos enseñar latín en latín.

 

Así, vamos consiguiendo que texto y gramática caminen a la par, con la ventaja de que, de esta manera, la gramática no le quita en ningún momento protagonismo al texto.

Ésta es la experiencia que he estado realizando durante estos últimos cinco años con mis alumnos: proponer el aprendizaje del latín a través del propio latín.

 

Así, estamos logrando que, si con las metodologías del siglo pasado, herencia del anterior, hacíamos que los alumnos se enfrentaran en una hora a un examen de unas dieciocho o veinte palabras, con este nuevo enfoque y en el mismo espacio de tiempo, realicen, sin ningún tipo de dificultad, un examen de segunda evaluación de algo más de 750 palabras.

 

Ante este cambio metodológico, no pretendo que haya en un futuro nuevos cicerones o reconocidos humanistas de prestigio -que tanta falta nos hacen-, sino más bien que, dentro de unos años, cuando muchos de ellos -o todos- tengan su carrera, su trabajo y su familia y miren a su época de estudiantes, no recuerden la asignatura de Latín con esa antipatía con la que yo la recuerdo.

 

LVDI TOTI NOSTRI SVNT

 

Es desde hace poco más de una década que toda la geografía de España, aquella antigua Hispania romana, se engalana justamente así: de romana.

De todos es conocido el Festival de Teatro Clásico de Mérida, en el que, de una forma u otra, se recogen y se exhiben no sólo obras del teatro grecorromano, sino también obras inspiradas en la mitología clásica, representaciones de danza, música y recitales de poesía.

Pero también, y es aquí donde está la novedad, desde las aulas de las universidades y de los institutos se han empezado a promover diferentes actividades que recrean y nos transportan a la vida de la Atenas y de la Roma clásicas.

La aparición, con la LOGSE, de la asignatura de Cultura Clásica ha supuesto el punto de partida para que muchos profesores de todo el territorio nacional encuentren una manera de sumergir a sus alumnos en la realidad del mundo antiguo. Cierto es que Grecia y Roma atraen, pero también es cierto que recrear y hacer revivir las sociedades griegas y romanas en la propia piel de más de 100.000 alumnos cada año, no sólo cautiva, sino que también fascina, engancha, estimula y, sobre todo, instruye de forma interactiva.

 

Alcalá de Henares, Sevilla, Tarragona, Mérida, Segóbriga, Sagunto, etc. acogen cada año estos ciclos juveniles de cultura clásica, ciclos cuya finalidad no es otra que la de promover entre la comunidad estudiantil la cultura clásica de Grecia y de Roma en su literatura, en su teatro y en sus mitos, ampliar su conocimiento para comprobar la vigencia de sus pensamiento, al tiempo que promueve otros valores interesantes, como la convivencia entre alumnos de otros centros, el trabajo en grupo, la promoción de las artes escénicas y el respeto, el cuidado y, cómo no, la admiración y disfrute de una parte importantísima de nuestro patrimonio nacional.

 

El ciclo estrella de estos festivales es, sin duda, el teatro y su desarrollo supone una lección magistral de teatro ‘completo’ ya que requiere una preparación didáctica previa por parte de los profesores -afirma Pérez Muñoz, concejal de cultura del Ayuntamiento de Mérida- al tiempo que una inmersión de los alumnos en la vida de los hombres de la Antigüedad, lo que hace de estos festivales una fiesta de exaltación del teatro que promueve la afición y la vocación por la actividad escénica tal y como fue gestada en sus orígenes.

Entre los meses de abril y mayo Mérida, Zaragoza, Segóbriga (Cuenca), Clunia (Burgos), Tarragona, Cádiz, Málaga, Santander, Gijón, Pamplona, Baleares, Lugo y Bilbao han sido las sedes que han visto otro año más cómo en sus teatros (y en algunos casos, auténticos teatros romanos) las obras de Eurípides, Aristófanes, Sófocles o Plauto seguían dando fe de que los valores morales y didácticos del teatro clásico griego y romano siguen estando de actualidad tras más de dos milenos de vida y sus declaraciones contra la guerra, los cantos por la paz y las tramas amorosas siguen sintiéndose tan universales y actuales que no hay quien no pueda sentirse identificado.

 

Además en Sagunto y en Tarragona se realizan verdaderas jornadas de cultura clásica, en las que se da la oportunidad de aprender y disfrutar. Aprender con la parte explicativa de cada taller; disfrutar con la parte artesanal consistente en actividades, juegos y exhibiciones.

Tanto estos Ludi Saguntini como los Tarraconenses enseñan hechos significativos del pasado a través de recreaciones históricas, de la mitología, de investigar la ciencia y la tecnología antiguas como base de las modernas, pero también a través de otros campos como la epigrafía, la gastronomía, los vestidos y sus complementos, los mosaicos, el paso y el cómputo del tiempo. Y este año una gran novedad: talleres de cosmética y peluquería, de magia, de matemáticas, de deporte y uno con más de 159 juegos preparado para aprender a jugar como los niños de hace 20 siglos.

Y, dado que vivimos momentos electorales, se celebró también una recreación que explicaba cómo eran las elecciones municipales en Roma, con escritos en las paredes de mensajes de apoyo y rechazo a los candidatos de parte grupos de presión, como el constituido por las prostitutas.

Si observamos el panorama europeo o incluso el mundial, no encontraremos ningún país que celebre ni difunda la cultura clásica a estos niveles: sólo España, (Spain is different), es el único país que, de momento, está promoviendo este nuevo “Renacimiento” de la cultura clásica.

Por esto, y parafraseando a Quintiliano, podemos afirmar con rotundidad: ludi toti nostri sunt.

A paulo decem amplius annos, omnis geographia Hispanica, illa antiqua Hispania Romana, sic profecto exornatur: Romana.

Ab omnibus Ludi Scaenici Emeritenses noti sunt, in quibus, quodam modo, non tantum ludi scaenici Athenienses aut Romani, sed etiam opera a mythologia afflata, ludi saltatorii, musici et recitaciones poeticae rediguntur ostendunturque.

Sed etiam, et ecce res noua, ex universitatibus scholisque coepit fauere diversos motus ad vitam Athenarum Romaeque antiquarum recreandam atque ad eas nos transvehendos.

A doctrina culturae Graecae et Romanae propter LOGSE orta, factum est initium ut multi magistri omnis orbis Hispanici inveniant modum ad discipulos in maiorum vitam transvehendos. Certum quod Graecia et Roma eos vocent, sed etiam certum quod societates Graecam et Romanam recreare et revivere in ipsa persona amplius centum mille discipulos non modo subigat sed etiam fascinet et stimulet et prehendat et modo praesertim interactivo educat.

 

Complutum, Hispalis, Tarraco, Emerita Augusta, Segobriga, Saguntum et cetera omnes annos Ludos iuuenibus Graecos et Romanos accipiunt et est eius finis inter iuvenes studentes culturam Graecam et Romanam prospicere pro litteratura et teatro et fabulis, ampliare eius cognitionem ad firmitatem eius animi comprobandam, simul cum alias idoneas promovere virtutes sicut relationem inter discipulos de diversis scholis, laborem catervatim, provectionem artis scaenicae atque venerationem, curam et, quid non, admirationem et gaudium partis vernaculae notissimi nostri patrimonii.

 Princeps horum ludorum, sine dubio, sunt Ludi Scaenici et eius praxis est lectionem magistralem theatri perfecti quod opus est praeparationem didacticam -Pérez Muñoz aedilis culturae Emeritae Augustae curiae inquit- simul cum immersionem ex discipulis in vita hominum Antiquitatis, res quae his ex ludis ad theatrum magnificandum facit festivitatem amorem et vocationem ergo ludos scaenicos promoventem, pariter ac gesta principio est.

Aprile et Maio, Emerita Augusta et Caesaraugusta et Segóbriga et Clunia et Tarraco et Baelo Claudia et Malaca et Portus Victoriae et Gigia et Pompaelo et Baleares et Lucus et Bilbo fuerunt sedes quae rursus viderunt quomodo in earum theatris (et in veris theatris Romanis) Euripidis, Aristophanis, Sophoclis aut Plauti opera pergerent tribuere fidem morales et didacticas theatri antiqui virtutes duo post mille annos pergere praesentes esse atque ipsorum manifestationes adversus bellum, ipsorum carmina pro pace et ipsorum argumenta amatoria pergere existimari sic universales ut non sit qui effictus se non habeat.

 Praeterea, Sagunti et Tarracone veri cycli culturae Gracae et Romanae habentur in quibus adest occasio discendi et ludendi. Alia per explicationes omnis scholae; alia per artificia et in laboribus et in ludis et in exhibitionibus vertentia.

Et Ludi Saguntini et Tarraconenses significantia temporis prioris per historicas recreationes, mithologiam, scientiam scrutatam et techynologiam antiquas docent, sed etiam per alias scientias velut epigraphiam, rem coquinariam, vestes et accesoria, tessellas et consecutionem temporis. Et hoc anno magnam novitatem: scholas et medicaminibus faciei et officinae fucatarum comarum et magiae et mathematicae et rei athleticae et alteram cum amplius CLVIIII ludos paratos ad discendum ludere sicut pueri abhinc XX saecula .

Et quoniam electoralia tempora vix vivimus, etiam habita est recreatio quae explicabat quomodo electiones municipales Romae tenerentur et in parietibus a punctionibus, sicut ea a scortis integrata, scriptae sunt res quae pro candidatis et in eos opinarentur.

Si prospectum Europaeum et mundialem animadvertimus, nullas inveniemus gentes quae sic culturam Graecam et Romanam celebrant nec vulgant: tantum est Hispania unica regio quae nunc hunc novum culturae Graecae Romanaeque ortum excitat.

Ideo firmiter dicere possumus: lvdi toti nostri svnt.

 

 

 

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